“Quien más, quien menos”… ¿Construimos juntos el muro que detenga al #coronavirus?

Amigas, amigos, buenas tardes.

“Quien más quien menos”…, canta Joaquín Sabina en una de sus últimas canciones.

Con veneración y respeto hacia su música y poesía, tomo prestados trozos de sus letras para expresar mi parecer y mi propuesta de ayuda al respecto del #coronavirus.

Entiendo oportuno empezar diciendo que no sólo “nos hemos tatuado una diana en la sien”, además, nos hemos disparado. Sin ánimo de sacar los colores hacia ningún lado del espectro, “le pusimos un palo (o varios) a la rueda de la fortuna”, pues no solamente desoímos lo que nos contaban los que ya lo estaban sufriendo, sino que “probando un veneno” y dejándonos guiar por los “malos consejos encontrados en el sótano”, permitimos concentraciones multitudinarias que, cual placa de Petri, han servido para coadyuvar a su cultivo generoso; muy generoso. A punto del desbordamiento.

Así las cosas, y algunos días oficiales después, a punto estamos de sobrepasar los 25.000 casos (declarados) de infectados, a los que hemos de sumar los más de un millar de muertos que el #coronavirus ya ha dejado como resto visible y principal; un rastro que engorda y se emponzoña más cada día.

“Quien más quien menos”…, confinado en casa y, con suerte, paseando a los perros o hablando con los gatos, se paraliza de miedo, desgastando las manos de tanto lavarlas, analizando subrepticiamente las sensaciones de escalofríos de su cuerpo, los sudores que brotan desde la calefacción, o las toses que ahoga en carraspeos.

Y para evitar morirnos del todo, lo hacemos de risa, entre chiste y chiste del WhatsApp, pues eso sí, “nos agarramos a un clavo ardiendo para no caer” rendidos ante algo que no sabemos si vino con el fútbol, desde la misma China, o si es una forma “de pagar caras 500 noches baratas”, fruto de algunas decisiones desbaratadas.

Sin embargo, lo anterior no es la parte más oscura de la historia. Enganchados virtualmente a nuestros trabajos o negocios, y tomándonos “a nosotros mismos como rehenes”, comprobamos, desde las atalayas de nuestras prisiones temporales, como aquellos (trabajos y negocios) se disuelven, cual azucarillo en tisana, en aromáticos ERTES, mediante los que pondremos a prueba “una conciencia todo terreno del mal y del bien”.

Y aquí es donde comienza el verdadero drama de toda esta historia: Ya no hablamos de cientos, o de miles, hablamos de millones de español@s que están perdiendo su trabajo, su fuente de ingreso habitual, sustituido por un nuevo estipendio, transitorio, no relacionado con su productividad, y fiado a un futuro incierto y ambiguamente meritorio.

Por no hablar de aquellos otros español@s, luchadores inquebrantables que, abrumados y desbordados por un trabajo de servicio y atención en diferentes frentes: sanitario, vigilancia, alimentación, correos, servicios, etc…, no planificado, descontrolado, agotador, con “la espada de Damocles afilada” sobre sus cabezas, dan ejemplo de cordura y de locura, difícilmente pagable por el resto de nosotros.

“Quien más quien menos”…, siente vértigo ante ello. ¿Y si…?, nos preguntamos, aún con confianza. Mejor no pensar; mucho mejor si no me dejo llevar por las noticias; aplaudamos, cantemos, pongamos música… Sin embargo, lo que no podemos dejar de hacer es sentir, emocionarnos, asustarnos.

Nos gustaría saltar en el tiempo, “adivinarle las cartas al adivino”, despertarnos el día después de la pesadilla y encontrar nuestros pies moviéndose, “uno en el tango y el otro, más allá” de toda esta locura incierta, aparentemente ingobernable, desbordante y devastadora. ¿No tendrá esto que ver con el mundo VUCA ese del que reiteradamente nos hablan los expertos?…

“Quien más quien menos”…, necesita sacar todo esta inquietud de dentro, contarle a alguien, no ya lo que pasa por su mente, sino aquello que se queda en ella dando vueltas, recurrente, persistente, impertinente…

¿Te identificas con lo anterior?… ¿Te encuentras ahí?… ¿Necesitas contar, compartir con alguien todo eso que se queda dando vueltas dentro de tu cabeza?… Si lo deseas, estoy aquí para ayudarte. Llámame o escríbeme. ¡Puedo escucharte, atenderte y, durante un tiempo, contribuir a que dejes atrás, con éxito, este momento de incertidumbre!

Amiga, amigo, ¡quiero luchar a tu lado contra el #coronavirus regalándote mis habilidades, mis conocimientos, mi experiencia (como psicólogo, como coach, como mentor), además de mi cariño y mi tiempo!

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